miércoles, 8 de agosto de 2007

Tertulia Mutante IV


12 de agosto
17 hs puntual
(odiaremos el timbre)
traer algo para la merienda

lunes, 6 de agosto de 2007

viernes, 20 de julio de 2007

Crónica del tachero suizo IV


Joya nunca taxi

Puse el guiño cuando vi en la esquina un bastón levantado, que fue la forma en que dos ancianos de no menos de 80 años solicitaron mis servicios. Se tomaron su tiempo para subir mientras acompañaban todos sus movimientos con una serie de suspiros y quejidos. El último que entró, después de lograr cerrar la puerta con cierta dificultad, comentó "estamos hechos unos viejos chotos".

Me dijeron que los llevara a Echeverría y Vuelta de Obligado o Soldado de la Independencia, calles que suelo confundir por la analogía que no puedo dejar de establecer a partir de la alusión que ambas hacen a eventos patrióticos y bélicos. Intenté despejar mis dudas volviendo a confirmar el destino. El anciano de la derecha me certificó a Vuelta de Obligado, y me reprochó: "parece que vos estás más sordo que yo" y agregó "la puta qué frío que hace, parece que este año no vamos a festejar el veranito de San Juan", a lo que su amigo le respondió "¿Qué? ¿Ahora el veranito de San Juan se festeja por los barrios?" "qué pelotudo" le replicó y luego le comentó "mirá cómo el tachero se está cagando de la risa de nosotros".

Tenían razón, porque a esa altura de la conversación ya no podía disimular mi sonrisa. Entonces el anciano de la izquierda me dijo "la verdad que lo felicito porque es el único taxi que todavía conserva la manija del techo, porque en todos los otros a los que he subido ya se la han afanado. No sé para qué carajo la quieren. Se ve que piensan que es una poronga y una vez que la agarran ya no la pueden soltar".

En el cruce de Echeverría y Vuelta de Obligado comienza el lento proceso de descenso del auto, en el que se evidenciaba el contraste entre su desenfadadas y jóvenes lenguas y las limitaciones que les imponían sus muy deteriorados huesos. Traté de hacerme de toda la paciencia con la que espero que se me trate a mí cuando llegue a esa edad en la que el propio cuerpo y el mundo en general se tornen demasiado hostiles. Tan hostiles como el tráfico en hora pico, o el impaciente conductor del auto colorado que tenía pegado al paragolpe trasero, al que sólo estaba dispuesto a tolerarle un bocinazo más antes de mandarlo a recorrer las partes más íntimas de su hipotética hermana.

jueves, 19 de julio de 2007

I

Viajo por el espacio inminentemente colapsable.

Transito por el aeropuerto del pánico internacional.

Circulo por una atmósfera catastrófica.

Navego por una laguna de virus.

Y vuelvo al mismo lugar.


II

En Brasilia,

paseo por la ciudad del concreto artístico.

Recorro el laboratorio urbano de la utopía sesentista,

el diseño vivencial del monoblock iluminado.

Y debajo de una autopista

me encuentro una lechuza.

Dice la lechuza al escorpión: “no te enamores de un extranjero”.

Dice el escorpión: “todos somos extranjeros”.

Dice la lechuza: “entonces no te enamores”.

Dice el escorpión: “ya es tarde, me acabo de enamorar de ti, sabia criatura”.

Entonces la lechuza voló lejos.

Y el escorpión siguió caminando

con un sello más en su pasaporte.

viernes, 13 de julio de 2007

Un poco de sol

para los ángeles cayendo...

Crónica del tachero suizo III

El veranito de San Juan


Estoy tratando de decidir si doblar por Montevideo o seguir por Paraguay antes de que el semáforo cambie de color, pero el ruido de un golpe en la ventanilla trasera interrumpe mis deliberaciones. Es una mujer de unos veintipico quien me pregunta si está libre, le respondo que sí mientras le quito el seguro a la puerta. Apenas sube me comenta "así que está prohibido fumar, se nota porque no hay olor a pucho. Es que el olor a cigarrillo impregna la ropa, los muebles, inclusive si uno besa a alguien que fuma en seguida se da cuenta. Yo antes fumaba mucho pero hace 5 años que dejé de fumar. Antes no me daba cuenta pero ahora no me banco el olor a cigarrillo. ¿Y la gente respeta el cartel?". Le respondo que hay mucha gente que al ver el cartel opta por dejarme pasar y esperar a otro taxi que les permita fumar en el viaje. "Lo que es el vicio. Y me parece que en las mujeres es peor, no?". Le respondo que puede que sí. Entonces agrega:"Es que nosotras somos más ansiosas, bah, un poco más histéricas también" (en fin, no hay nada como la misoginia femenina) Luego me aclara: "Yo no soy ninguna histérica, pero la mayoría sí". No hacía falta la aclaración, porque para mí estaba claro que ella no era ninguna histérica, puesto que ya no fumaba, a lo sumo un poco maniática y obsesiva, con respecto a su antiguo vicio, pero histérica ya no. Después de un minuto de silencio me pregunta "no les parece que los hombres también están cada vez más histéricos?" Le respondo afirmativamente, puesto que el pasajero siempre tiene razón. No obstante, una vez finalizado el viaje, trato de determinar a qué se puede definir por histeria masculina, aunque quizás yo mismo sea demasiado histérico para saberlo. En fin, un poco histérico quizás pero con los pulmones bien limpios, o mejor dicho joya nunca taxi.

jueves, 12 de julio de 2007

martes, 3 de julio de 2007

domingo, 24 de junio de 2007

Crónica del tachero suizo II


Esos cada vez más sofisticados aparatitos


Estaba esperando que la luz del semáforo de Cabildo y Federico Lacroze cambiara de color, pero fue el grito de taxi de una mujer de unos 20 a 30 años la que alteró mi rutina. Al subir sentenció: “a Alberdi y Moreno” y luego hizo un comentario sobre el calor mientras levantaba la ventanilla. Acción recurrente sólo en mujeres de más de 50 años a esa altura del otoño. En el interior de su cartera sonó un celular. Lo atendió y exclamó: “ah, sos vos” y por su tono de voz se podía deducir que su interlocutor era el responsable de su súbito aumento de temperatura. “¿Que a dónde voy? Estoy yendo a buscar a mi hijo. Sí ya sé, vos siempre estás ocupado, porque a vos lo único que te importa sos vos. Porque yo te presté mi auto y te llevé a vivir a lo de mis viejos, pero si hacés eso olvidáte, porque a mí no me ves nunca más”. Con esa última amenaza cortó la comunicación... El celular volvió a sonar, lo atendió y luego de un breve silencio afirmó: “Así entonces no me vuelvas a llamar porque lo nuestro ya fue, me entendiste? ya fue” En la esquina de Moreno y Alberdi el reloj marcó $14.78. Me dijo que la esperara que iba a subir a buscar plata a su casa y enseguida volvía. Después de haber transcurrido el segundo minuto de espera comencé a considerar la posibilidad de que me haya cargado y que quizás me utilizó como un chivo expiatorio para desquitarse del género de la X y la Y. Me puse como límite de tolerancia 45 segundos más, pero un golpe en el vidrio de la ventanilla interrumpe mi conteo. Era ella, con una generosa sonrisa y $18 pesos en la mano derecha, quien luego de disculparse por los exabruptos del viaje insiste que me quede con el vuelto. Mientras ponía primera reflexioné sobre las implicancias que tienen en la comunicación estos cada vez más sofisticados aparatitos que -con sólo apretar un botón- borran todas las barreras entre lo público y lo privado, en forma tan repentina como puede cambiar el estado anímico de una mujer despechada por el egoísmo que parecería caracterizar al sexo opuesto.

miércoles, 20 de junio de 2007

lunes, 18 de junio de 2007

Busco destino


para la siguiente temporada: 25 de junio al 13 de julio.
Gracias!

Columnista invitado: El tachero suizo

Crónicas del tachero suizo

El precio de la honestidad

Circulaba por Libertador cuando repentinamente decidí doblar por Monroe. Fue una mano levantada la que me hizo frenar. La presa en cuestión era un sujeto masculino de unos 70 a 60 y pico de años y un poco excedido en peso. Al subir lo primero que me dice es "Ya no puedo caminar por la calle porque la gente me confunde con Pablo Echarri, debe ser por la boina". Sí, debe ser por la boina, le contesto. Luego me afirma: "Pibe cuando yo tenía tu edad con las minas había que remarla, no como ahora que están todas regaladas. Le voy a pedir a Dios que me quite 25 año". Pedile 30, le contesto, así tenes más margen para negociar. Después de un suspiro profundo, agrega "lo que pasa es que con el tiempo se te va la fuerza pero las ganas te quedan. Es que la vida se te va entre la soledad y la melancolía". No le contesto, pero intento imaginar de qué tango habrá sacado esa frase. Al llegar al destino prefijado el reloj marca $4.68. Cuando le estoy dando el vuelto me interrumpe y en forma muy enfática me dice "pibe me estas dando 25 centavos de más, mira que por 25 centavos todavía soy honesto, por más no se". Un par de cuadras después, pienso que yo por 25 centavos también sería honesto por 50 también, pero por algún decimal más, no estoy seguro. En fin, cuál será el precio exacto de la honestidad.

jueves, 14 de junio de 2007

Un tachero suizo

recorre esta ciudad
(...)

lunes, 11 de junio de 2007

Cadena alimentaria urbana

... → cucaracha → gato → rata → paloma → loba esteparia → oso bipolar → FARMASHITY